sábado, 21 de abril de 2007

Por fin en la web

Hola a todos!! Somos el dúo "aRASdeSUELO" (guitarra-voz, saxo). De hecho en estos momentos habla solamente uno de sus integrantes. El de la guitarra-voz, porque mi compañero está todavía en fase de instalación al blog. Su incursión llegará pronto, y después, con un poquillo de tiempo por delante, queda prometida una presentación al unísono en la que os comentaremos: la música que hacemos, las fechas de los conciertos, las letras de nuestras canciones, fotos de nuestras actuaciones , anécdotas y, por supuesto, las dos maquetas que recopilan lo mejor de estos tres años de carrera que mi compañero y yo llevamos juntos. Pero por lo pronto, os he juntado cuatro versos, con todo mi cariño, como regalo de bienvenida. Habrá más. Besos
aRASdeSUELO


Algunos me llamaban gallina,
cuando los puños más cerrados de mi barrio
amenazaban con hervir mi adrenalina
y no encontraban un rival a su medida.

Otros, en cambio,
siempre me consideraron un buen pájaro.
Tal vez por picotear el corazón de las vecinas,
quizás por esa falta de interés por las alturas,
seguramente, en esa negación a alzar el vuelo
encontraban una forma de rebeldía.

Con el culo pegado al asfalto,
fantaseaba realidad de plastilina,
presumía convencer
con la verdad de mi mentira,

no creía saber que leía
un nudo de palabras
que ocultaba la luz
tras sus fibras.

Las palabras eran falsas,
pero la luz
algo de verdad
tenía.

Pasó el tiempo,
y el algo se hizo suficiente.
Me salieron las primeras plumas,
empecé a piar con trinos coherentes,
y aunque solo me escuchaban
el lavabo y la cocina,
la voz de una guitarra adolescente
pretendía hacer vibrar
a lentejas, tenedores,
espejos y cepillos de dientes.

La idea de volar,
perdida en el olvido de esa mente
tan llena de soñar
tan vacía de intentar
se asomaba sugerente.

Luego quise aprender,
con todo mi plumaje,
la manera de agitar las alas
con una intensidad
que apaciguara
a los gallos de pelea
de un hogar que nunca descansaba.

No hubo ningún éxito inmediato,
pero al menos conseguí que me escucharan.
Y mientras lanzaba a la basura
aquel ridículo disfraz de palomita de la paz,
comprendí que lo que a simple vista
parecía ingenuidad
dentro mío sí funcionaba.

Deseé volar. Decidí volar.
Por primera vez en mi vida
intenté volar.
Tan alto y tan fuerte
que ya no fuera necesario
aterrizar.

Con tal mala suerte
que, ya el primer día,
me fui a enamorar
de una pájara arpía:
de noche me soñaba,
de día no me quería.

Y tan protagonista era
de la película de su vida,
que te llamaba egoísta
cada vez que decías
"esta boca es mía".

Mi corazón no me escuchaba
o yo no escuchaba a mi corazón.
Y tanto duró el culebrón
como aguantaron la estrechez de la obsesión,
la voluntad perdida,
las agujetas de unas alas
que me daban la razón cuando pensaba
" caer en picado es la única salida".

Y lloré por dentro y
lloré por fuera,
hasta con lágrimas de plástico azul
rodando por la escalera.
Y en aquel forzoso aterrizaje
vine a huir para enfrentarme
a mi guitarra ya sin voz.

Recuperé a mis amigos
que habían seguido mi vuelo
desde otros vuelos,
más sensatos,
según tengo entendido.

Toqué y toqué
hasta con los pies.

Tuve algún contrato
de roce de plumajes
con derecho de despido,
y sin derecho a reclamar
fue mi roce el despedido.

Encabalgando tres amores mendigos,
de suspiro en suspiro y
como no me toca no tiro,
reuní las fuerzas necesarias
para intentar fugarme
de ése astuto laberinto
que es mi ombligo.

Del nido,
me llevé mis emociones,
las lágrimas que curan y no engañan,
la fe de no creer en mi viejo destino,
un poco de fuego,
la enfermedad de estar vivo.

Un equipaje charnego
pero fiable, testigo entrañable
de este segundo y más ansiado vuelo,
cuya única ambición era
la de no marcar fuera de juego.

Así que despegué otra vez,
y después de un intenso flirteo teatrero
donde puse música a un ascenso paralelo,
no tardé en encontrar compañeros de planeo.

Tocábamos en algunos bares,
fiestas de TV, petardeo y
otros lugares.
Pasarlo bien y
no perder dinero
era el reto,
que demasiado a menudo inconcreto,
se traducía en dispersión de la amistad,
metas inalcanzables y otros mareos.

La cosa duró un año, creo que y medio.
No hubieron grandes estadios,
ni siquiera pequeñas fortunas,
pero guardé en mi memoria
la primera gran historia
que acababa bien.

No se perdió el contacto,
ni se huyó hacia ninguna parte.
Gané un musicazo al saxo,
un compañero,
con el que ya no sé si es arte
o es jugar a que es un juego
perderme en la corchea,
ganarme en el silencio,
volar A ras de suelo.

Y por último y primero,
compartir ese secreto
que tanto me gusta
gritar a los cuatro vientos:

lo que empuja
a este corazón de pajarraco pedigüeño
ya no es crecer en su plumaje,
ni realizar un sueño,
ni obviar aterrizajes,

lo que ahora ocupa
todo el equipaje
es la ilusión
de estar de vuelta del viaje
y dejarle un chupetón
a la pájara
que asalta mis ropajes.

1 comentario:

Unknown dijo...

DFJ, bienvenido al mundo de los blogs, te esperaba... es chula la presentación! un besazo, brother!